Siempre que suceden
catástrofes de gran envergadura, el mundo se detiene, los medios se hacen eco
de lo sucedido y, en cuestión de horas, la noticia ha dado la vuelta al mundo. Este
es el caso que sucedió en Fukushima hace ya más de un año, cuando un sismo
seguido de un tsunami, causaron el pánico por alerta nuclear en todo el país.
Esta es una de las muchas
fotos que hoy asociamos a esta desgracia sin precedentes y que transmite un sentimiento de inseguridad y de tragedia
a cualquiera que la vea.
Pero independientemente
de los recuerdos o sentimientos que la foto pueda generar, la fotografía ha
sido utilizada una y otra vez durante las semanas posteriores al accidente para
generar una angustia, y hacer pensar al mundo que Japón entero estaba en
ruinas.
Y la única razón de todo
eso es que la tragedia vende. Con este tipo de noticias, el espectador se queda
pegado al televisor, se compra los diarios y generan beneficios. Esto no pasa
desapercibido para los medios que buscan el morbo de la catástrofe e informa de
manera escabrosa manipulando muchas veces la información para crear una visión
del incidente errónea.
Japón no estaba en llamas, ni bajo una nube de
radiación que iba a matar a todo el mundo. Sí que es cierto que se encontraban
en estado de alerta por las fugas radioactivas de la central y que el terremoto
seguido del tsunami habían causado estragos por la zona, pero de ahí a pensar
que el país estaba acabado, hay un buen trozo.
En definitiva, esta foto
no solo nos enseña la magnitud del incidente, sino que también sobre como los
medios pueden llegar a utilizar la información que les llega, como seleccionan
lo que más les conviene para dar al mundo unas noticias “verídicas”.
